
Se marchó llorando. Como los grandes, recibió el aplauso de los suyos...de su familia, de sus compañeros, de su grada. Nadie se quedó sentado. Zinedine Zidane jugó 89 minutos en el mejor partido del Real Madrid esta temporada en el Santiago Bernabéu. Seis goles en 90 minutos. Dos de Forlán, dos de Baptista, uno de Mejía a Casillas (mala suerte para el chaval), y uno de 'Zizu', de cabeza.
Parece que el destino le tenía preparada esta despedida al galo. El equipo de todos, el Villarreal, apareció en el verde del Barnabéu sin complejos, con el mismo color que ha llenado las gradas europeas. El amarillo del Villarreal cegó la vista de la grada, hoy más blanca que nunca. Ha sido un gran partido, digno de la jubilación anticipada del astro francés.
Cada año sucede lo mismo. Los veinte campos de Primera despiden a algún jugador. Muchos han sido los que hoy han dicho adiós a su afición. Gica, Tristán, Nihat, Carboni...pero el adiós del Bernabéu era especial.
Con la llegada de Zidane empezó una época...la era galáctica del Real Madrid. Con él nació el lema de "Zidanes y Pavones". Hoy se ha cerrado esa página del libro. Zidane se despedía, y Pavó ni siquiera estaba en la convocatoria. Cuando Florentino se marchó, nos dimos cuenta de que estabamos llegando al final de libro...hoy, hemos leído el último capítulo.
Ahora, sin Zidanes ni Pavones es momento de reflexión, de hacer cuentas y de pensar cómo darle la vuelta a todo esto. Hoy ha sido un partido para la nostalgia. Con Florentino y Valdano en el palco. Sin Fernando Martín. Con la misma bronca al descanso. Y con un adiós. Hoy ha sido, sin duda, el principio del futuro blanco.
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