A mi padre se le nubla la vista. Él le vió jugar, vibró con sus goles desde algún vomitorio de Chamartín, se emocionó con las tres Copas de Europa orejonas, y corrió detrás de él para conseguir una firma que hoy valdría millones...nunca lo consiguió, pero se divirtió con Pancho Puskas.
Hoy se ha ido. Fue la imagen de una generación, un mito del fútbol internacional. Llegó tarde al Madrid, con 31 años, y como uno de ahora, también estaba entradito en kilos, pero eso no fue inconveniente para convertirse en el mejor. Asustaba a los porteros porque sus tiros eran como las bombas de los Cañones de Navarone. Corría por la banda como si pesara 10 kilos. Sólo lo he visto en la tele, en blanco y negro. Y mi padre me lo ha contado. Y se le nubla la vista.
Y era muy querido. Eso dice mi padre. Alfredo Di Stéfano no quiso adelantarle en esta carrera por la banda, y ahora Puskas ha dicho "Ché viejo, no puedo más". Puskas y Di Stéfano eran amigos, aunque se dice que no lo eran. Se querían mucho. El argentino ya le está echando de menos. Mi padre también