
Lo de anoche fue para sentir vergüenza ajena. La afición del Zaragoza, o mejor, un sector, sacó los colores a todo el fútbol español. Si bien es cierto que Samuel Etoo es un provocador nato, y que su calidad incrementa en proporción a la ira despertada por la afición contraria, no hay derecho a lo de ayer.
El fútbol es un espectáculo; el aficionado que acude a su campo, con su bufanda y su entrada, lo hace para disfrutar con su equipo, y con el contrario. Cuando decímos "ganó el fútbol", no nos equivocamos. Partidos como el Chelsea - Barça del miércoles, o el Real Madrid - Zaragoza de Copa de la semana pasada hacen que todos, independientemente del equipo al que sigas, hacen que el fútbol español gane en calidad y en prestigio.
Pero cosas como las de ayer, hacen que todo lo ganado se pierda. Etoo debió marcharse. Para quien no lo sepa, los futbolistas también son personas, y merecen respeto. Ellos son los artistas de este circo de balón redondo (sic), y Etoo es uno de los magos del balón. Le prefiero cabreado, pero no por lo de ayer. Esquinas Torres pudo suspender el partido, porque los gritos e insultos racistas desde la grada eran evidentes. No lo hizo, pero ahora tendrá que haber castigo. La Romareda no se lo merece, ni tampoco la afición del Zaragoza, pero esto hay que pararlo.